La victoria de Argentina por 2-1 sobre Inglaterra, que le aseguró un lugar en la final del Mundial 2026, quedó opacada por una nueva controversia. Al término del encuentro, varios jugadores celebraron exhibiendo una pancarta con la frase “Las Malvinas son argentinas”, un mensaje que generó rechazo en el Reino Unido y abrió el debate sobre el uso de reivindicaciones políticas en un evento deportivo de alcance mundial.
El gobierno británico solicitó a la FIFA investigar lo ocurrido al considerar que la manifestación vulneraría las normas del organismo, que prohíben la difusión de mensajes políticos durante las competencias. El ministro de Empresa y Comercio, Peter Kyle, afirmó que “la política debe estar separada del fútbol”, mientras el gobierno de Keir Starmer respaldó la petición y reiteró la posición británica sobre el archipiélago.
Aunque el presidente argentino Javier Milei defendió la actuación de los futbolistas y calificó el mensaje como legítimo, la celebración ha sido cuestionada por trasladar un conflicto diplomático e histórico a un escenario deportivo que, por reglamento, busca mantenerse al margen de disputas políticas. De confirmarse una infracción, la FIFA podría abrir un proceso disciplinario contra la federación o los jugadores involucrados.
La polémica surge a pocos días de la final frente a España y vuelve a poner a la selección argentina en el centro de la discusión internacional, esta vez no por su rendimiento en la cancha, sino por una celebración que ha sido señalada por desdibujar los límites entre el deporte y la política.